Roma (2018)

El regreso del director Alfonso Cuarón al México que lo vio crecer, constituye la mejor película de su carrera, una seria candidata a los premios Oscar y una de las mejores cintas mexicanas de todos los tiempos.

Dirección: Alfonso Cuarón
Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Diego Cortina Autrey

Los mexicanos se han apoderado del cine. Alejandro González Iñárritu se llevó a casa el Oscar a la mejor película con Birdman, luego Guillermo Del Toro hizo lo mismo con La forma del agua. Y ahora todo parece indicar que es el turno para Alfonso Cuarón de llevarse el codiciado premio con Roma, cinta que, de hecho, es superior a los premiados trabajos de sus colegas y amigos. De hecho, Guillermo Del Toro ya la menciona como una de sus películas favoritas de todos los tiempos y no es para menos.  

Desde su debut con Sólo con tu pareja, Cuarón ha demostrado ser un autor de una inmensa ternura y sensualidad que sabe equilibrar con un inmenso sentido de lo formal, con una visión dura, directa y descarnada sobre la condición humana y con una gran habilidad para conectarse emocionalmente con sus espectadores, sin dejar nunca de lado sus agudos comentarios sociales y políticos. Su filmografía está conformada por tres hermosísimas adaptaciones literarias (La princesita, Grandes esperanzas y Harry Potter y el prisionero de Azkabam), dos verdaderos clásicos de la ciencia ficción (Los niños del hombre y Gravedad) y una de las mejores películas eróticas de todos los tiempos (Y tu mamá también). Sin embargo, su nueva película es, hasta la fecha, la mejor de todas.

Roma (que es la palabra “amor” al revés), está basada en un noventa por ciento en los recuerdos personales de su director. Cada escena fue filmada en la locación exacta donde sucedieron los hechos o en escenarios que constituyen réplicas exactas de sus recuerdos (Cuarón recuperó gran parte de los muebles de su infancia para utilizarlos en los escenarios). El trabajo de fotografía (también llevado a cabo por él) y conformado por largos paneos y planos secuencia, capturados en un blanco y negro ultra-realista en formato de 65 mm y logrado gracias a una milagrosa cámara digital Alexa 65, no tiene nada que envidiarle al trabajo de Emmanuel Lubezki, colaborador recurrente del director y uno de los mejores directores de fotografía de la actualidad.

La cinta, (la cual está dedicada a Libo, la empleada doméstica sobre la cual está basado el guion escrito por el mismo Cuarón), cuenta la historia de una familia mexicana de clase media alta de comienzos de los años setenta, la cual está conformada por Sofía (una excelente Marina de Tavira), una esposa en un principio dependiente de su casi siempre ausente esposo doctor; cuatro hijos pequeños, una abuela y Cleo y Adela, dos muchachas de herencia Mixteco que cumplen la función de cocinar, planchar, lavar y atender a la familia en todos sus menesteres.

Sin embargo, Roma está planteada desde la perspectiva de Cleo (encarnada de una manera soberbia por la actriz natural Yalitza Aparicio). En un poderoso trabajo de inmersión, el espectador sentirá en carne propia los avatares en la vida de esta joven empleada doméstica, una chica de una profunda soledad, quien es consentida para luego ser insultada por su patrona; que es abandonada y amenazada por su novio cuando este se entera de que quedó embarazada, que inicia su trabajo de parto en medio de una violenta revuelta estudiantil y que busca proteger a los hijos de su patrona (a los cuales ama como si fueran suyos) de los peligros y desencantos del mundo real.

El mundo de Roma es un mundo caótico y es precisamente esa sensación de no saber lo que va a ocurrir, lo que hace que la cinta se sienta vibrante y vital. Esta es una película que busca reconocer y redimir a unas mujeres maltratadas y abandonadas por unos hombres producto de una sociedad machista, a los cuales solo les importa satisfacer sus deseos egoístas. Es un profundo comentario social sobre una cultura con una marcada división de clases sociales, la cual todavía no se ha superado. Y es una profunda reflexión sobre los recuerdos y cómo estos conforman nuestra identidad para bien o para mal.

Cuarón no solo se basa en sus propias vivencias, sino que también está influenciado por los trabajos autobiográficos Amarcord, I Vitelloni y Roma de Fellini, así como de los clásicos del cine francés Las reglas del juego de Jean Renoir y Los 400 golpes de Truffaut. También se siente una marcada influencia literaria, especialmente de Dickens y de Tolstoi, autores que nos mostraron desde un punto de vista ingenuo e infantil los eventos traumáticos que marcan la existencia. Sin embargo, el trabajo de Cuarón se siente muy personal, de una factura preciosa y grandilocuente y de una fuerza emotiva que logra conmover y estremecer.

Apoyada por Netflix, Roma es una película que sufre en su traslado a la pantalla televisiva. Es una fortuna que la empresa de streaming, pensando en los Oscars, haya decidido presentarla en la gran pantalla en fechas especiales. Si usted tiene la oportunidad de verla en una sala de cine, no la deje pasar. Esta es definitivamente la mejor película del año y es lo más cercano a un milagro cinematográfico.