
Basada en la vida del boxeador Jake LaMotta, la película de Scorsese explora su ascenso y caída personal, centrándose en su violencia, celos y autodestrucción.
Director: Martin Scorsese
Robert De Niro, Joe Pesci, Cathy Moriarty

La historia de El toro salvaje, guionizada de una manera visceral y desgarradora por Paul Schrader, se enfoca en Jake LaMotta, quien se presenta al principio como un joven boxeador prometedor en la década de 1940. Desde el principio, Scorsese nos muestra un personaje que, lejos de ser un héroe clásico, es un hombre consumido por su propia violencia. No solo en el ring, sino también en su vida personal, marcada por la posesividad, los celos y una necesidad insaciable de controlar su entorno. De Niro, en el papel de LaMotta, ofrece una actuación que define el cine de los años 80, llevando el concepto de «transformación» al extremo, ganando 23 kilos para interpretar al campeón en su declive físico y emocional.

La actuación de Robert De Niro es, sin lugar a duda, el corazón palpitante de la película. Su transformación física y emocional como Jake LaMotta es un tour de force que lleva al personaje desde la ambición destructiva de su juventud hasta la decadencia de su vejez, pasando por una espiral de violencia y autodestrucción. De Niro logra hacer tangible la tensión interna del boxeador, desde sus explosiones de rabia hasta sus momentos de vulnerabilidad.
La escena más emblemática, en la que LaMotta, ensangrentado y roto, golpea su propio rostro contra un muro de su vestuario, encapsula la desesperación que define su carácter. En este acto de autodestrucción, De Niro no solo expresa el dolor físico, sino también la angustia emocional de un hombre que se consume a sí mismo. Otros momentos cruciales los encontramos tras las rejas, cuando LaMotta, tras ser encarcelado por un delito menor, golpea furiosamente el muro de ladrillos de su celda. Este momento simboliza la desesperación de un hombre que, atrapado por sus propios demonios, se desquicia ante la incapacidad de escapar de su destino. De Niro logra transmitir la angustia y la autoinmolación de LaMotta en cada golpe, un acto de tortura tanto física como emocional.
Asimismo, la brutal pelea con su hermano Joey, nos muestra el resentimiento acumulado y los celos desbordados que se desatan en una violencia devastadora. En este enfrentamiento, De Niro muestra la completa impotencia de LaMotta, un hombre incapaz de controlar sus propios demonios, ni siquiera cuando se enfrenta a los que más ama. Esta mezcla de despliegue físico y emoción cruda convierte a De Niro en el epicentro de una película que no permite al espectador apartar la vista.
El manejo de la violencia en Raging Bull es tan esencial para la trama como las propias secuencias de boxeo. Las peleas, filmadas en un blanco y negro casi impoluto (inspiradas en las fotos pugilísticas de la revista Life), no solo muestran la brutalidad física del deporte, sino que se convierten en metáforas de la violencia interna del protagonista. Las escenas de combate, particularmente aquellas filmadas en cámara lenta, nos sumergen en la agonía tanto física como emocional de LaMotta, ofreciendo una sensación de incomodidad que refleja la relación entre su cuerpo y su alma destrozados por sus propios demonios.
La relación de LaMotta con las mujeres en su vida, en particular con su esposa Vickie (interpretada por Cathy Moriarty) es otro eje fundamental de la película. LaMotta las ve a través del prisma de la misoginia y la obsesión. Al igual que en sus peleas, LaMotta trata a las mujeres como objetos de posesión, y su capacidad para percibirlas como seres completos y complejos está completamente bloqueada. La intervención de Joe Pesci como Joey, su hermano y mánager, ofrece una contraparte cómica a la tragedia central, pero también revela las profundas limitaciones de los personajes masculinos en un mundo donde la virilidad y el poder son lo único que se valoran.
Scorsese utiliza la religión, en particular las imágenes católicas (como los crucifijos) para contrastar la espiritualidad con la violencia, sugiriendo la lucha interna de LaMotta por encontrar una redención que nunca llega. La referencia a la religión en Raging Bull es un recurso que, lejos de ofrecer consuelo, acentúa la paradoja de un hombre que, a pesar de sus esfuerzos por justificar sus acciones, sigue siendo esclavo de sus propios impulsos destructivos.
Desde el punto de vista técnico, la película se erige como una de las más refinadas de Scorsese. La fotografía de Michael Chapman es esencial para crear el tono oscuro y opresivo que define a Raging Bull. El uso del blanco y negro no solo otorga a la película una estética atemporal, sino que también resalta las tensiones entre el blanco de la pureza y el negro de la oscuridad interior del personaje. Además, la edición de Thelma Schoonmaker, que le valió un Óscar, es crucial para el ritmo de la película, permitiendo que los momentos más intensos de violencia se sientan brutales y los más sutiles de introspección sean igualmente agobiantes.
El toro salvaje no es solo un filme sobre el boxeo; es una reflexión profunda sobre los dilemas del hombre, los demonios internos y los límites de la autocomprensión. La actuación de Robert De Niro se mantiene como una de las más completas de la historia del cine, convirtiendo a LaMotta en un personaje inolvidable que lucha no solo contra sus oponentes, sino contra sí mismo. La película es un testamento de la habilidad de Scorsese para explorar las complejidades humanas a través del cine, y su indiscutible lugar como una de las grandes obras de la historia del cine sigue firme, a pesar de las décadas transcurridas.
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