National Theatre: Vanya (2024)

Andrew Scott entrega una actuación magistral en una versión innovadora de Tío Vania de Chéjov.

Director: Sam Yates

Andrew Scott

Andrew Scott es uno de los mejores actores recientes procedentes de Irlanda. Ha sido el temible y desquiciado Moriarty en Sherlock, el perverso Tom Ripley en la sobresaliente miniserie de Netflix, la presencia entrañable de Fleabag y, recientemente, nos conmovió con su interpretación en la melancólica cinta All of Us Strangers junto a su coterráneo, el también impresionante Paul Mescal. Versátil, magnético y con un rango emocional que pocos actores poseen, Scott es capaz de apoderarse de cualquier personaje, de darle profundidad, humor y tragedia en la misma respiración. En Vanya, su nuevo reto escénico, hace gala de toda su capacidad actoral, convirtiéndose en cada uno de los personajes de esta adaptación de Tío Vania de Antón Chéjov.

Antón Chéjov es un pilar fundamental del teatro moderno. Con un estilo que mezcla el realismo con la sutileza psicológica, sus obras capturan la melancolía, la insatisfacción y la frustración del ser humano con una precisión casi quirúrgica. Tío Vania, estrenada en 1898, es una de sus piezas más celebradas, un drama de emociones contenidas en el que el tedio, el amor no correspondido y la desilusión personal se entrelazan en un microcosmos familiar sofocante. La grandeza de Chéjov radica en su capacidad de retratar la tragedia de la vida cotidiana sin necesidad de grandilocuencias, dejando que la profundidad de sus personajes hable por sí misma.

Llevar Tío Vania a escena con un solo actor puede parecer una apuesta arriesgada, incluso un truco llamativo más que un verdadero experimento teatral. Sin embargo, Andrew Scott convierte este concepto en una exhibición de talento puro. En esta versión adaptada por Simon Stephens, dirigida por Sam Yates y con un diseño escénico minimalista de Rosanna Vize, el actor da vida a todos los personajes, diferenciándolos con cambios de tono, gestos y pequeños detalles físicos que los hacen reconocibles sin necesidad de mayor artificio.

La historia sigue fielmente la estructura de Chéjov, aunque modernizada en lenguaje y ambientación. Se mantienen los temas centrales: el hastío de Vanya, el amor imposible de Sonia, la arrogancia de Alexander y la atracción magnética de Helena, pero ahora sin samovares ni referencias obsoletas. En su lugar, hay un tono más actual y accesible, con toques de comedia que resaltan la ironía de la obra, del mismo modo que lo hizo el gran Louis Malle con su maravillosa película Vanya en la calle 42 (1994)

Scott, con su energía inagotable, alterna entre los distintos personajes con una destreza impresionante. Su Vanya es un hombre derrotado por la vida, su Helena una mujer de gestos refinados, su doctor Michael un hombre de irresistible atractivo. A veces la transición entre personajes es vertiginosa, un despliegue técnico que deja boquiabierto al público, pero también impide que la profundidad emocional de cada uno se asiente del todo. La tragedia queda algo diluida en medio del virtuosismo actoral, como si Scott estuviera más enfocado en la hazaña interpretativa que en la introspección que demanda Chéjov.

El montaje rompe con la convencionalidad del teatro de la West End, apostando por un estilo más experimental y desenfadado. El escenario desnudo, con cajas de madera y una gran cortina que en ciertos momentos se abre para reflejar al público en un espejo, enfatiza la naturaleza metateatral de la obra. Es un recordatorio de que estamos viendo a un solo hombre construir un mundo entero ante nuestros ojos.

Sin embargo, aunque Vanya es una proeza de actuación, su estructura impide que la carga emocional de la obra original se sienta con toda su intensidad. Scott nos deslumbra, nos hace reír y nos conmueve en momentos puntuales, pero la profundidad trágica de Chéjov se diluye entre tanto cambio de rol. No es un defecto del actor, sino una limitación inherente al formato.

Sobre André Didyme-Dôme 1861 artículos
André Didyme-Dome es psicoterapeuta y periodista. Se desempeña como editor de cine y TV para la revista ROLLING STONE EN ESPAÑOL y es docente universitario; además, es guionista de cómics para MANO DE OBRA, es director del cineclub de la librería CASA TOMADA y conferencista en ILUSTRE. Su amor por el cine, la música pop y rock, la televisión y los cómics raya en la locura.

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