
Unidos por la música es una conmovedora partitura sobre fraternidad, música y resiliencia.
Director: Emmanuel Courcol
Benjamin Lavernhe, Pierre Lottin, Sarah Suco, Clémence Massart-Weit, Mathilde Courcol-Rozès, Ludmila Mikaël

Hay películas que no necesitan estridencias para tocar hondo. Unidos por la música, el nuevo largometraje del cineasta y guionista Emmanuel Courcol (Alto el fuego, El triunfo), avanza con esa serenidad que solo poseen las historias hechas con convicción y afecto genuino por sus personajes. A través de una premisa sencilla —el reencuentro entre dos hermanos separados al nacer—, Courcol construye un relato que combina el drama humano con notas de humor, sensibilidad social y un homenaje a la música como instrumento de unión y resistencia.
Thibaut (Benjamin Lavernhe), un director de orquesta de renombre internacional descubre que necesita un trasplante de médula ósea para tratar una leucemia recién diagnosticada. Su búsqueda lo lleva a Jimmy (Pierre Lottin), su hermano biológico, a quien nunca conoció. Jimmy, que trabaja en el comedor de una fábrica en el norte de Francia, es un trombonista aficionado en la banda del pueblo. Así se inicia un vínculo inesperado entre dos hombres cuyas vidas transcurrieron por caminos opuestos, pero que comparten, sin saberlo, una sensibilidad común.

Más que el desarrollo de una historia médica o familiar, Unidos por la música es una exploración sobre las segundas oportunidades: las que ofrece el azar, pero también las que se construyen con esfuerzo y voluntad. La relación entre Thibaut y Jimmy se va forjando sin artificios ni sentimentalismos exagerados. Hay tensiones, desencuentros, silencios cargados de reproche, pero también hay humor, reconocimiento mutuo y, sobre todo, un respeto creciente por las diferencias del otro.
La dirección de Courcol es discreta, casi invisible, pero profundamente eficaz. Evita el subrayado emocional y prefiere dejar que las situaciones respiren. La cámara observa con paciencia, los diálogos fluyen con naturalidad, y la música —más allá de ser un mero acompañamiento— se integra como un personaje más. El uso del Bolero de Ravel, por ejemplo, se convierte en uno de los momentos más intensos y simbólicos del filme, sin necesidad de alzar la voz.
Las actuaciones de Benjamin Lavernhe y Pierre Lottin son notables. Lavernhe encarna a Thibaut con una contención elegante, dando forma a un personaje que encuentra en la fragilidad física una puerta hacia la humildad. Lottin, por su parte, dota a Jimmy de una autenticidad entrañable, con una mezcla de torpeza emocional y nobleza desarmante. Entre ambos se genera una química que es el verdadero corazón de la película. Sarah Suco como Sabrina, la novia de Jimmy; Ludmila Mikaël como Madame Desormeaux, la madre adoptiva de Thibault; Clémence Massart-Weit como Claudine, la madre adoptiva de Jimmy; y Mathilde Courcol-Rozès como Rose, la hermanastra de Thibault, en sus roles más secundarios aportan un contrapunto femenino que equilibran y acompañan.
Aunque la película se sostiene en la intimidad de esta relación fraternal, Unidos por la música también dialoga con su entorno social como lo hacen los trabajos más sensibles de Ken Loach. El posible cierre de la fábrica donde trabaja gran parte del pueblo —y de la banda— introduce un conflicto colectivo que recuerda, inevitablemente, a Brassed Off, aquella memorable película británica protagonizada por Ewan McGregor sobre los estragos del neoliberalismo en las comunidades mineras del norte de Inglaterra. Como en aquella, aquí también la música funciona como último bastión de dignidad frente a la precariedad, como espacio de cohesión ante el desarraigo.
Sin necesidad de grandes giros argumentales ni declaraciones altisonantes, En Fanfare logra emocionar con lo más simple: una mirada, una frase contenida, una nota bien tocada. Es una historia sobre la pérdida del tiempo compartido, pero también sobre la capacidad de encontrar sentido en medio de la adversidad. Emmanuel Courcol demuestra una vez más que el cine puede ser profundamente humano sin dejar de ser relevante. Esta es una película que se escucha con el corazón tanto como se ve con los ojos.
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