The French Dispatch (La crónica francesa) (2021)

Wes Anderson logra lo imposible. Superarse a sí mismo y hacer una de las mejores películas sobre periodismo de todos los tiempos, con el perdón de El ciudadano Kane.

Dir. Wes Anderson

Bill Murray, Owen Wilson, Benicio Del Toro, Léa Seydoux, Adrian Brody, Tilda Swinton, Timothée Chalamet, Frances McDormand, Jeffrey Wright

Hace noventa y seis años se fundó la revista The New Yorker, la cual actualmente se publica cuarenta y siete veces al año y con cinco ejemplares cubriendo períodos de dos semanas. Aunque en sus inicios se centró en la vida cultural de la ciudad de Nueva York, a lo largo del tiempo se ha expandido para cubrir temas internacionales relacionados con la política, la sociedad, el arte, el humor y la cultura popular.

Su redacción, edición y verificación rigurosas, han dado como resultado unos famosos ensayos, relatos cortos de ficción y críticas literarias, que convirtieron a The New Yorker en el mejor ejemplo del periodismo, un arte y una profesión que está desapareciendo, como también el amor por la palabra escrita.

Desde Bottle Rocket en 1996, Wes Anderson (uno de los mejores directores de la actualidad y lector acérrimo de The New Yorker), se ha distinguido por una impresionante carrera en ascendencia, con obras inolvidables como Rushmore, The Royal Tenenbaums, The Life Aquatic of Steve Zizou, The Darjeeling Limited, Fantastic Mr. Fox, Moonrise Kingdom, The Grand Budapest Hotel y Isle of Dogs, cada una superando a la anterior. Por esta razón, parecía imposible que Anderson pudiera realizar una película que eclipsara una filmografía impecable.

Wes Anderson logró confeccionar, no solo la mejor película de su carrera, sino una de las mejores películas de todos los tiempos.

Hay que aclarar que lo que se afirma en el anterior párrafo, y lo que se va a afirmar a continuación, no es producto del entusiasmo desmedido, la impulsividad de un crítico apasionado por el cine o un sesgo personal y subjetivo hacia el trabajo del autor.  

Es muy probable que The French Dispatch, la décima película de Wes Anderson, sea la mejor película sobre periodismo jamás realizada, y esto la haría compartir el título con Citizen Kane de Orson Welles, a quien muchos consideran como la mejor película en la historia del cine. Si existe una película perfecta, esta es.

Arthur Howitzer Jr. (Bill Murray en su novena colaboración con Anderson), el editor de The French Dispatch, una revista publicada en Francia que empezó como suplemento dominical para un periódico de Kansas, ha muerto de un ataque al corazón. De acuerdo con su testamento, la circulación de la revista finaliza junto con él. En el último número, se incluyen tres historias anteriormente publicadas y un obituario. Vale la pena mencionar que este personaje está inspirado en Harold Ross, el fundador de The New Yorker.

Nos encontramos ante una de las mejores películas antológicas de la historia en donde se narra, utilizando las mejores imágenes posibles (cortesía de Robert D. Yeoman), cada una de las historias, incluido un prólogo y un epílogo. El prólogo nos muestra a Herbsaint Sazerac (Owen Wilson en su octava colaboración con Anderson con un nombre obtenido de dos licores típicos de Nueva Orleans), viajando en su bicicleta y describiendo los lugares y las personas pasadas y presentes de la ciudad francesa ficticia de Ennui-sur-Blasé (cuyo nombre traduce “aburrimiento sobre la apatía”), con un estilo algo sórdido y pesimista, como si se tratara de The Talk of the Town, que estuvo a cargo del fallecido escritor Joseph Mitchell, en quien está inspirado el personaje de Sazerac.

La primera historia se titula La obra maestra del hormigón, hace parte de la sección de arte y es escrita por la historiadora y crítica J.K.L. Berensen (Tilda Swinton en su cuarta colaboración con Anderson). En ella se habla sobre la vida y obra del pintor Moses Rosenthaler (Benicio Del Toro), un artista atormentado que cumple una larga condena en prisión por haber asesinado brutalmente a dos hombres. El artista encuentra su musa en Simone (Léa Seydoux), una carcelera que se convierte en su modelo; y su apoyo, en el mecenas Julian Cadazio (Adrien Brody en su cuarta colaboración con Anderson), un personaje que se da cuenta de la genialidad de Rosenthaler y quien está inspirado en el marchante de arte británico Lord Duveen (centro de un famoso artículo de seis partes escrito por S.N. Behrman y publicado en The New Yorker).

La segunda historia se llama Revisiones de un manifiesto, hace parte de la sección política y está a cargo de la escritora Lucinda Kremetz (Frances McDormand canalizando a Fran Lebowitz, Alice Munro y especialmente a Mavis Gallant, quien escribió para The New Yorker un artículo dividido en dos partes llamado The Events in May: A Paris Notebook, sobre la revolución estudiantil de mayo del 68).  El protagonista de esta historia es Zeffirelli (Timothée Chalamet en un papel escrito por Anderson con el actor en su mente). Este joven, que parece sacado de una película de Godard, escribe un manifiesto, hace parte de la “revolución del tablero de ajedrez”, se envuelve en una relación sentimental e intelectual con Kremetz, y enamora a la líder revolucionaria Juliette (Lyna Khoudri, la joven actriz de Papicha y Gagarine, en una especie de homenaje a Ana Karina, la musa de Godard). Al final, Zeffirelli se convierte en el símbolo del movimiento juvenil, luego de una tragedia ocurrida con una antena de radio.

La tercera historia es escrita por Roebuck Wright (Jeffrey Wright en un papel claramente inspirado en el ensayista, dramaturgo y activista James Baldwin, protagonista del documental I Am Not Your Negro, así como también en A.J. Liebling, otro prestigioso colaborador de The New Yorker). El comedor privado del comisionado de policía, hace parte de la sección “aromas y sabores” y es un ejemplo del “periodismo Gonzo” de Hunter S. Thompson, cuando Wright acude inicialmente a una cena organizada por un distinguido oficial de la policía francesa (Mathieu Amalric) para evidenciar el talento de su cocinero Nescaffier (Stephen Park). La velada se interrumpe cuando el teniente se entera del secuestro de su hijo Gigi (Winsen Ait Hellal) a manos de unos rufianes que buscan liberar a Albert “el ábaco” (Willem Dafoe en su cuarta colaboración con Anderson), un contador del crimen organizado capturado por el comisionado. Es así que el artículo sobre alta cocina se convierte en una crónica policial.

El ciudadano Kane estaba inspirado en William Randolph Hearst, el magnate del periodismo de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. La crónica francesa se inspira en varios autores que colaboraron para que la revista The New Yorker, con sus artículos, se convirtiera en un bastión del periodismo y del arte de la palabra escrita. Anderson, en colaboración con Hugo Guinness, Jason Schwartzman y Roman Coppola (los dos últimos parientes del director de El padrino, otra de las mejores películas de la historia), nos deleitan con un guion y unos diálogos tan exquisitos como los que escribió Joseph L. Mankiewicz en su clásico del cine Todo sobre Eva (Mankiewicz era el hermano menor de Herman, el guionista de El ciudadano Kane). Pero, al mejor estilo de Stanley Kubrick y de David Lean, Anderson realza la elocuencia y la belleza de la palabra por medio del lenguaje cinematográfico, el cual está conformado por el encuadre (1:37:1, el mismo de El ciudadano Kane), el plano y el ángulo de visión, que este director sabe manejar con una experticia y creatividad sin igual, producto de su mirada particular. No hay un solo plano en esta película que carezca de belleza, cuidado y significado.

La presencia de actores en pequeños papeles como Bob Balaban, Henry Winkler, Denis Menóchet, Christoph Waltz, Liev Schreiber, Edward Norton, Saorsie Ronan, Elisabeth Moss, Jason Schwartzman, Griffin Dunne, Rupert Friend y Fisher Stevens, así como a Anjelica Huston en la narración, también dan cuenta del calibre de esta producción. La música de Alexander Desplat (Jarvis Cocker, el líder de la banda Pulp, hace parte de la banda sonora bajo el seudónimo de Tip-Top, interpretando el clásico Aline del francés Christophe), la dirección de arte de Adam Stockhousen y el diseño de vestuario de Milena Canonero son impecables. Las ilustraciones de Javi Aznarez (muy similares a las portadas de The New Yorker) son sencillamente espléndidas. Hasta los afiches promocionales de La crónica francesa son fabulosos.

Algunos afirman que los grandes directores hacen la misma película una y otra vez. Con respecto a Wes Anderson, podríamos decir que mejora la misma película una y otra vez. Sus intereses particulares por los objetos, la simetría y la nostalgia por el pasado, siguen siendo el centro de La crónica francesa, pero esta cinta es de una grandiosidad tal, que sobrecarga nuestros sentidos. Quizás su único defecto es que es demasiado para una sola vista y una única crítica no alcanza para dar cuenta de su impresionante riqueza.

Sobre André Didyme-Dôme 1616 artículos
André Didyme-Dome es psicólogo y magíster en Comunicación. Se desempeña como crítico de cine para la revista Rolling Stone en español y es docente en la Escuela Nacional de Cine; además, es director del cineclub de la librería Casa Tomada y conferencista en Ilustre. Su amor por el cine, la música pop y rock, la televisión y los cómics raya en la locura.

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