La jauría (2022)

Siguiendo las huellas de Víctor Gaviria, el director Andrés Ramírez Pulido nos entrega un desgarrador relato sobre la juventud perdida.

Director: Andrés Ramírez Pulido

Jhojan Estiven Jiménez, Maicol Andrés Jiménez, Miguel Viera

El cine posee una larga tradición de contar historias sobre “niños perdidos”, utilizando el nombre extraído del relato de Peter Pan. En 1946, Vittorio De Sica presentó El limpiabotas una de las primeras cintas del neorrealismo italiano, sobre dos niños con un sueño que termina en pesadilla. Cuatro años más tarde, el español Luis Buñuel filma en México Los olvidados, una cinta dura y triste ambientada en las calles y protagonizada por niños, marcada por el hambre, el odio y la falta de amor. En 1963, el recientemente fallecido Peter Brook, adaptó El señor de las moscas el clásico de la literatura escrito por William Golding, que nos muestra lo que sucede cuando un grupo de niños queda sin la protección de unos adultos encargados de su formación.

A comienzos de la década del ochenta, el argentino Héctor Babenco estrena en Brasil Pixote, en donde un niño es utilizado para cometer delitos (su protagonista, Fernando Ramos da Silva, fue asesinado por la policía cuando tenía diecinueve años de edad). Una década después, Fernando Meirelles y Kátia Lund nos entregaron Ciudad de Dios, un trabajo tan bello como cruel, sobre un grupo de niños que pierden toda su inocencia en el duro contexto de las favelas de Río de Janeiro. Y es de inclusión obligatoria la trilogía conformada por Kids, Gummo y Ken Park, protagonizadas por un grupo de jóvenes y niños obsesionados con drogarse, tener sexo y golpear a los demás, dirigidos por Larry Clark y Harmony Korine, dos autores provenientes de ese mundo sórdido y agreste, que a su vez están obsesionados con retratar sin autocensura o concesiones, a esos infantes convertidos en adultos antes de tiempo.

En Colombia, Gamín, el documental del también recientemente fallecido Ciro Durán, nos mostró las duras condiciones de los niños habitantes de las calles de Bogotá a finales de los años setenta. Víctor Gaviria, con sus recordadas películas Rodrigo D: No futuro y La Vendedora de Rosas, tomó como base el neorrealismo de De Sica y Bertolucci, para contarnos unos relatos oscuros y pesimistas, sobre jóvenes habitantes de las comunas más pobres de Medellín, en las que sus actores protagonistas eran los mismos que habían vivido dichas historias. Y no nos podemos olvidar de Monos, el trabajo de Alejandro Landes sobre unos niños jugando a ser soldados.

Continuando con esta tradición, llega La jauría, una película dirigida por el colombiano Andrés Ramírez Pulido, y ambientada en una precaria cárcel en medio de la selva, donde residen varios “niños perdidos”.   

En esta mezcla entre El señor de las moscas, Papillón y Los olvidados, nos encontramos con Eliú (Jhojan Estiven Jiménez), un joven que paga sentencia por haber asesinado a un hombre al que confundió con su padre. Lo acompaña en la condena su amigo El Mono (Maicol Andrés Jiménez), un chico más endurecido que Eliú y quien fuera cómplice en el asesinato. Álvaro, un ex delincuente juvenil, convertido en una especie de chamán y terapeuta y que es llamado “Líder” por los muchachos (Miguel Viera), será quien intente llevar a estos jóvenes por el camino de la rehabilitación, sin mucho éxito.

El director se refiere a su obra como un viaje entre la luz y la sombra y no es para menos. Como los trabajos de Gaviria, La jauría es una experiencia visceral que casi puede pensarse como una película de terror. El espectador tratará de identificarse con los personajes intentando extraer de ellos una pizca mínima de bondad o nobleza, pero este es un ensayo pesimista en el que Tánatos, el Dios de la muerte, triunfa sobre Eros, el Dios de la vida. Basta con ver al hermano de Eliú (Carlos Steven Blanco), un chico mucho menor que este, pero más perdido que El Mono y que habita en un lugar mucho más salvaje y cruel que la cárcel. La sociedad misma.  

¿Se puede cambiar? ¿Hay luz al final del oscuro túnel? La respuesta a estos interrogantes, quedan en manos del espectador.     

 

Sobre André Didyme-Dôme 1427 artículos
André Didyme-Dome es psicólogo y magíster en Comunicación. Se desempeña como crítico de cine para las revistas Rolling Stone y Playboy Colombia y es docente en la Escuela Nacional de Cine; además, es director del cineclub de la librería Casa Tomada y conferencista en Ilustre. Su amor por el cine, la música pop y rock, la televisión y los cómics raya en la locura.

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