65 (Al borde de la extinción) (2023)

Un viajero espacial y una niña quedan atrapados en un planeta Tierra plagado de dinosaurios, en una cinta poco original y algo absurda, pero emocionante.

Directores: Scott Beck, Bryan Woods

Adam Driver, Ariana Greenblatt, Nika King, Chloe Coleman

En 1954, apareció por primera vez en el número 596 de la revista Four Color Comics, publicada por Western Publishing, una fascinante historia (cuya autoría hasta el día de hoy se discute), en la que un nativo norteamericano llamado Turok, llega junto con su joven hermano Andar, a un extraño valle precolombino poblado por dinosaurios. Los dos pasan por numerosos peligros, mientras intentan escapar de ese peligroso lugar. Turok obtuvo su propia revista y décadas más tarde fue el protagonista de un popular videojuego, pero hasta el día de hoy no lo hemos visto en el cine o en la televisión (existió una película animada directo a video que es mejor olvidar).

¡Pero vaya si se han copiado de Turok! La película de 1969 El valle de Gwangi, mezcló dinosaurios con vaqueros y la serie animada de 1993 Cadillacs y dinosaurios nos ubicó en un futuro postapocalíptico donde estos animales vuelven a la vida. Sobra hablar de la serie de culto La tierra perdida y su respectiva película para cine, de las seis películas de Parque jurásico y de la reciente Primal (la impresionante serie animada para adultos de Genndy Tartakovsky). Y aunque no incluyen dinosaurios, Enemigo mío de Wolfgang Petersen, Aliens: El regreso (la secuela dirigida por James Cameron), After Earth (el fracaso de taquilla de M. Night Shayamaln, que no es tan mala como dicen), Prey (la maravillosa precuela de Depredador) y la estupenda The Last of Us, beben mucho de la premisa del cómic de los años cincuenta: Humanos intentando sobrevivir en un lugar extraño y rodeados de criaturas peligrosas.

Esto nos lleva a 65: Al borde de la extinción, una cinta dirigida por la dupla conformada por Scott Beck y Bryan Woods, las personas detrás de los thrillers minimalistas Nightlight y Haunt, así como los guionistas de esos dos clásicos instantáneos del cine de terror, conocidos como Un lugar en silencio.

Aquí, nuestro Turok es Mills, interpretado por el siempre confiable Adam Driver. Mills vive en un planeta lejano junto a su pareja Alya (Nika King) y su hija Nevine (Chloe Coleman). Curiosamente, los escuchamos hablar en inglés, pese a que su código de escritura difiere mucho al nuestro. Mills va a aceptar un trabajo transportando pasajeros en una nave especial usando criogenia y se va a ausentar por cuatro años. ¿La razón? Su amada hija está gravemente enferma y la familia necesita dinero.

Es así que Mills deja a su hija y emprende su misión, la cual sale terriblemente mal debido a una lluvia de meteoritos, que estropea la nave y mata a casi todos los tripulantes. La nave logra aterrizar en un planeta desconocido para Mills, pero no para nosotros: La Tierra.

El giro radica en que esta es la Tierra hace 65 millones de años, cuando los dinosaurios la gobernaban. Al igual que un Robinson Crusoe en marte a la inversa, Mills va a intentar sobrevivir en ese entorno salvaje e inhóspito y va a encontrar a su Andar (o a su Viernes, si seguimos comparando a 65 con la novela de Daniel Defoe o con la película de ciencia ficción de 1964).

La compañera de Mills va a ser Koa (Ariana Greenblatt), una niña muy similar a Newt de Aliens y a Kitai de Después de la Tierra. Koa (que significa “guerrera” en hawaiiano), ha quedado huérfana y no sabe hablar “inglés”, por lo que Mills tendrá que comunicarse con ella por señas y repetición de palabras, como Crusoe se comunicó con Viernes. Al menos Turok nunca tuvo este problema. Lo que sí tiene Mills y que nunca tuvo Turok, es tecnología de alta gama.

Además de tener a un hombre cuidando de un niño en un escenario apocalíptico (como sucede en las magníficas El último camino y La luz de mi vida), 65: Al borde de la extinción tiene suspenso, sobresaltos y muchos dinosaurios peligrosos, además de derrumbes en cuevas, caídas de árboles y arenas movedizas, como si se tratara de una versión sofisticada de La tierra perdida. Y del mismo modo en que Joel aprende a querer a Ellie en el videojuego y la serie The Last of Us, Mills, quien extraña a su hija, establecerá un fuerte lazo con la no tan indefensa niña.

Beck y Woods debieron apoyarse en un director más experimentado como John Kransinski (el director de las dos partes de Un lugar en silencio) o Sam Raimi (el productor de la cinta), para ponernos los pelos de punta y la carne de gallina. Por algunos momentos lo logran, pero el resultado es más irregular que satisfactorio. 

Al final sentiremos que este mundo le queda demasiado pequeño a un actor de la talla de Driver y que es mejor que salga rápido de allí, antes de que los meteoritos acaben con los dinosaurios y con su carrera. Mientras tanto, los fanáticos de Turok y Andar seguiremos esperando. Aunque es más probable que Ka-Zar, el héroe de la Tierra Salvaje de Marvel, mucho más rubio y blanco, aparezca en el cine primero.          

Sobre André Didyme-Dôme 1638 artículos
André Didyme-Dome es psicoterapeuta y periodista. Se desempeña como editor de cine y TV para la revista Rolling Stone en español y es docente universitario; además, es director del cineclub de la librería Casa Tomada y conferencista en Ilustre. Su amor por el cine, la música pop y rock, la televisión y los cómics raya en la locura.

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