The Bad Batch (Amor Carnal) (2017)

Un delirante y violento trabajo sobre un futuro distópico plagado de caníbales y siniestros líderes de culto, que busca hablar sobre nuestro presente xenófobo, fanático y neoliberal.

Directora: Ana Lily Amirpour

Suki Waterhouse, Jason Momoa, Jim Carrey, Keanu Reeves, Jayda Fink

La segunda película de la directora Ana Lily Amirpour (luego de un impresionante debut con la película feminista sobre vampiros A Girl Walks Alone At Night), es un violento trabajo ambientado en un futuro distópico, en el que la población de los Estados Unidos está dividida en dos: los “buenos” y los “malos”. Estos últimos son los rechazados, los que no son reconocidos por el gobierno y quienes viven en la periferia con un tatuaje que los identifica como individuos marginales.

Uno de estos “malos”es Arlen, la protagonista de The Bad Batch, e interpretada por la modelo, fotógrafa y actriz británica Suki Waterhouse. Esta chica, en su condición de rechazada social, debe sobrevivir en un entorno plagado de caníbales, aquellos que le cortaron una pierna y un brazo para comerlos.

El líder del grupo de caníbales que mutiló a Arlen se hace llamar Miami Man (Jason Momoa), un hombre tan fuerte como cruel. Sin embargo, Arlen logra huír de sus captores y se lleva consigo a Honey (Jayda Fink), la hija de Miami Man. En su intento de escapatoria, la desesperada Arlen es ayudada por un indigente mudo (interpretado por un irreconocible Jim Carrey), terminando en un lugar llamado “Comfort”

Esta comunidad aislada de los caníbales, es liderada por un hombre que se hace llamar “El Sueño” (Keanu Reeves), quien posee su propio DJ personal y un grupo de mujeres embarazadas armadas hasta los dientes. “El Sueño” le ofrece asilo a Arlen y a Honey, pero algo siniestro se esconde detrás de esa comunidad en apariencia apacible y pacífica. Al menos con los caníbales Arlen sabe a qué atenerse.

Aunque no llega a ser un disparate psicodélico al estilo de Zardoz, la película de Amirpour está cargada de símbolos y alegorías que nos hacen pensar en el gobierno actual de los Estados Unidos y su política xenófoba, en los cultos religiosos y en la desaforada economía neoliberal. La cuidada fotografía, junto con los personajes y las situaciones delirantes, hacen que esta cinta se convierta en toda una Cult Movie. Sin embargo, la metáfora pesada se le sale de las manos a su directora, haciendo que el espectador pida más Mad Max y menos El Topo.

Sobre André Didyme-Dôme 1427 artículos
André Didyme-Dome es psicólogo y magíster en Comunicación. Se desempeña como crítico de cine para las revistas Rolling Stone y Playboy Colombia y es docente en la Escuela Nacional de Cine; además, es director del cineclub de la librería Casa Tomada y conferencista en Ilustre. Su amor por el cine, la música pop y rock, la televisión y los cómics raya en la locura.