Rambo: Last Blood (Rambo: La última misión) (2019)

Como si fuera el máximo defensor de la peligrosa ideología del actual presidente de los Estados Unidos, el icónico personaje de John Rambo, ahora acaba con saña a los peligrosos mexicanos que atentan contra el apacible modo de vida norteamericano. ¡Por favor!

Director: Adrian Grunberg

Sylvester Stallone, Paz Vega, Yvette Monreal, Óscar Jaenada, Sergio Peris-Mencheta, Adriana Barraza

First Blood, la novela de 1972 del escritor canadiense David Morrell acerca de Rambo, un veterano de Vietnam acosado por el jefe de la policía Wilfred Teasle, fue alabada por la crítica e inclusive por autores como Stephen King. Su adaptación cinematográfica demoró diez años en hacerse, y estuvieron involucrados actores como Al Pacino, Robert de Niro, Clint Eastwood, Dustin Hoffman, Paul Newman, Steve McQueen, Chuck Norris, Terence Hill, Kris Kristofferson, James Garner y Michael Douglas para interpretar el papel protagónico, así como los directores Richard Brooks, Martin Ritt, Sam Peckinpah, Sydney Pollack y Mike Nichols.

Al final, el protagónico fue concedido a Sylvester Stallone, quien solo había gozado de éxito con sus tres películas de la saga Rocky, pero cuyos otros proyectos (las estupendas F.I.S.T. y Nighthawks, la divertida Victory y la horrible Rhinestone), habían sido todas unas grandes decepciones en la taquilla. El director elegido fue Ted Kotcheff, cuyos trabajos anteriores incluían las comedias Who is Killing the Great Chefs of Europe? y North Dallas Forty. Cuenta la leyenda que el primer corte de la película (de casi tres horas y media de duración), era tan malo que enfermó al actor, quien estuvo a punto de comprar los derechos de la cinta para destruirla. Pero al final, sugirió que la recortaran a 93 minutos. El resultado fue un trabajo duro, rápido y violento que partió en dos la historia del cine de acción y que marcó un segundo éxito en la carrera de Stallone.

La segunda parte de 1985, titulada Rambo y dirigida por George P. Cosmatos, dejó de lado la historia de un hombre convertido en psicópata gracias al ejército de los Estados Unidos y al maltrato por parte de la institución policíaca, para convertirse en una cinta de guerra con una ideología patriotera producto de la Era Reagan, en la que Stallone deja de interpretar a un antihéroe traumatizado, para encarnar a una especie de héroe invulnerable enviado de nuevo a Vietnam para rescatar a unos prisioneros de guerra todavía cautivos en ese país (premisa que luego replicaría Chuck Norris en su trilogía Missing in Action). 

Rambo III de 1988, dirigida por Peter McDonald, fue un esfuerzo mediocre por mantener vivo al personaje, pero su tono ideológico de derecha (aquí Rambo se enfrenta a las fuerzas soviéticas en Afganistán) y el desdibujamiento del personaje, no logran justificar las decentes escenas de acción.

Diez años después se estrena una nueva película de Rambo, esta vez dirigida por el mismo Stallone, la cual termina siendo la más floja de las cuatro, sintiéndose cansada, pasada de moda y obsoleta. Mientras tanto, la saga de Rocky obtiene una maravillosa resurrección, gracias a las películas de Creed.

Ahora llega a las pantallas la que, supuestamente, es la última entrega de la saga de John Rambo. El encargado de dirigirla es Adrian Grunberg (el autor de la ruda, pero entretenida Get the Gringo) y protagonizada por un Stallone de 73 años de edad. Más que una secuela, Rambo: la última misión parece una segunda entrega de Get Carter (el fallido remake del clásico protagonizado por Michael Caine), que de la historia planteada por la primera cinta (todavía la mejor de todas).

Aquí, encontramos a Rambo en un rancho en Texas, domando caballos salvajes y viviendo con María Beltrán (Adriana Barraza), una mujer de edad y abuela de Gabrielle (Yvette Monreal), una joven cuya madre falleció y cuyo padre los abandonó. Gabrielle es como una hija para Rambo, un hombre que por alguna extraña razón construyó una serie de túneles subterráneos interconectados en su propiedad, donde forja cuchillos y guarda un gran arsenal.

Todo va bien para Rambo hasta que la chica recibe la llamada de una vieja amiga que vive en México y que le reporta que ha encontrado el paradero de su padre perdido. Haciendo caso omiso de las advertencias de Rambo, la inocente Gabrielle va en busca de su padre, pero termina enredada en una red de trata de blancas, liderada por los malvados hermanos Martínez (interpretados por los españoles Óscar Jaenada, de Cantinflas y Sergio Peris-Mencheta, de la serie Snowfall).

Es así que Rambo va en busca de la chica y con miras de acabar con esos “malditos mexicanos” que le han estropeado su vida y la de sus seres amados. Para esta película, México está lleno de expendedores de droga, proxenetas y asesinos. Al ver el grado de maldad de los hermanos Martínez y de su banda, es imperante el deseo de poner un gran muro para defender el estilo de vida de ese país civilizado llamado Estados Unidos de América.       

Y este es el grave problema con Rambo: La última misión. Lo que en un principio fue un comentario crítico a las instituciones de los Estados Unidos en clave de película de acción, ha degenerado en una serie de películas patrioteras que cada vez son menos divertidas y menos catárticas, para convertirse en ofensivas y con discursos obsoletos. En la “Era Trump”, la ideología de Rambo no tiene perdón.

Dejando de lado la ideología y centrándose en esta última entrega de Rambo como mera película de acción, hay que decir que tiene un primer acto muy aburrido y un segundo acto absurdo (el personaje va prácticamente desarmado a enfrentarse con una gran cantidad de maleantes, lo cual termina mal para el personaje). Obviamente, esto responde a la lógica de una estructura narrativa predecible, en la que Rambo es torturado, para luego volver con toda su ira y castigar con saña a todos sus torturadores. No falta la mujer que ayuda a Rambo y que también es víctima de los maleantes. Aquí es Carmen Delgado, una reportera independiente interpretada por una desperdiciada Paz Vega.  

Como era de esperarse, Rambo atrae a los maleantes a su rancho y ahí ya tienen sentido los túneles, los cuchillos y el arsenal. Esta cinta es de una gran violencia, la cual no se siente entretenida y mucho menos catártica (fines últimos de las películas de acción). Es una lástima que Rambo haya terminado así, a no ser que esta no sea su última misión y ahora se dirija rumbo a Venezuela, a Siria o a China. Esperemos que no sea así. Ya tenemos suficientes problemas con Trump. 

Sobre André Didyme-Dôme 1617 artículos
André Didyme-Dome es psicólogo y magíster en Comunicación. Se desempeña como crítico de cine para la revista Rolling Stone en español y es docente en la Escuela Nacional de Cine; además, es director del cineclub de la librería Casa Tomada y conferencista en Ilustre. Su amor por el cine, la música pop y rock, la televisión y los cómics raya en la locura.

4 comentarios

  1. apenas he visto el trailer, y me parece digno de sus películas, pero decir que es absurdo ir desarmado, es lo contrario, armado es provocar, pues él ya tiene delineado un plan, en mi rancho los espero, donde les daré batalla a mi manera,…y con mis armas. Me parece ideal, cuantas películas han hecho lo mismo?? Muchas,pero lo mejor es disfrutar de su estilo, donde sigue usando el arco con flechas.

    • No entendieron ni pío cuando el fue a buscarla tenía dormida a esa bestia que produce muerte vio como boto los medicamentos? No había plan, solo surgió cuando la chica muere ahi surge la bestia

  2. Para recordar, en una pelicula del agente 007 el los espera en una casa en el campo, que también tiene túnel, con su jefa y un amigo, donde rompen focos,…colocan trampas con clavos en la entrada de las ventanas, bombas de gasolina,etc.

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