Siberia (2020)

En su sexta colaboración con Willem Dafoe, Abel Ferrara busca sanar sus heridas y exorcizar sus demonios, con una de las películas más personales de su filmografía.

Director: Abel Ferrara

Willem Dafoe, Dounia Sichov, Simon McBurney

Abel Ferrara es, sin lugar a dudas, todo un chico malo del cine. No es un secreto que este director nacido en el Bronx debutó con una película pornográfica (9 Lives Of A Wet Pussy) y que sus grandes películas como Mrs. 45, King Of New York, Bad Lieutenant y The Funeral, fueron realizadas durante un largo período de alcoholismo y adicción a las drogas duras.

Tampoco es un secreto que Ferrara dejó hace ocho años sus adicciones y abandonó sus raíces cimentadas en el catolicismo (con todas sus cargas de culpabilidad y perdón), para abrazar el budismo (que propone evitar el sufrimiento y perseguir una trascendencia espiritual). Ese cambio radical en su vida transformó también su cine: 4:44 Last Day On Earth, Pasolini, Tomasso y Siberia, tienen en común que son unas exploraciones existenciales y unas cintas muy personales, así como que todas son colaboraciones con su actor preferido, Willem Dafoe.

Siberia, su último trabajo, dista mucho del Ferrara autor de los crudos y violentos relatos de Mrs. 45, King Of New York y Bad Lieutenant. Piensen en Martin Scorsese (director que ha sido muchas veces comparado con Ferrara), y sus exploraciones metafísicas de The Last Temptation Of Christ, Kundun y Silence, y se harán una idea del “nuevo cine” de este director.

En un primer acto, Siberia tiene la apariencia de ser una cinta con una estructura narrativa tradicional. Su protagonista Clint (Dafoe), es un hombre solitario que atiende un bar en una gélida región ubicada al norte de Canadá, y cuyos clientes, en su mayoría, hablan un idioma que Clint no maneja muy bien (la barrera idiomática también se produce con el espectador, ya que los diálogos de los esquimales no presentan subtítulos).

Poco a poco, la cinta va adoptando un tono surrealista, más cercano al cine de Lynch y Jodorowsky, que al de Scorsese o al de Ferrara de sus inicios. (Aunque, la verdad sea dicha, su película pornográfica también presenta una estructura onírica y pseudo narrativa).

El director ha dicho que su intención inicial estaba en explorar el lenguaje de los sueños y tratar, como Buñuel también lo intentó, de convertirlos en imágenes en movimiento. Asimismo, Ferrara habla de su cinta, como un trabajo muy cercano a las ideas de Carl Gustav Jung (el psicoanalista afirmaba que la razón por sí misma no basta para alcanzar la claridad) y a las experiencias personales tanto de él como de su actor protagonista (recuerdos, pesadillas, emociones, arrepentimientos).

El director, reconocido por su sinceridad, ha hablado en varias ocasiones sobre sus relaciones tormentosas y dolorosas con las mujeres en el pasado, y Dafoe, al igual que Clint, fue hijo de un médico cirujano que mantuvo una relación muy distante con él (aquí, el padre de Clint es interpretado por el mismo actor).     

En Siberia encontraremos una serie de imágenes fascinantes, conmovedoras, viscerales y repulsivas. Clint besará de rodillas el vientre de una mujer embarazada que se desnuda en el bar frente a él y la madre de ella; una mujer de estatura pequeña deambulará desnuda en una silla de ruedas; la ex pareja de Clint lo acusará de arruinarle su vida (ante lo cual responde “ambos arruinamos nuestras vidas”); y una serie de hombres serán ejecutados en serie de una manera salvaje. Estas escenas y otras más, se conectarán de una manera orgánica que llevará al espectador a abandonar sus intentos por encontrar una lógica narrativa y a aceptar la invitación del director y de su actor, a recibir las imágenes que surgen de sus entrañas.

Gracias a la fotografía de Stefano Falivene, la película de Ferrara adquiere una cualidad cinestésica (alcanzamos a sentir las texturas en nuestra piel), y su actitud “terapéutica” (esta es una cinta que busca “curar” o al menos “indagar” sobre el sufrimiento inherente a la existencia), la convierte en una obra de un gran poder. Pero siendo totalmente sinceros, se extraña mucho al Ferrara del pasado.

Sobre André Didyme-Dôme 1702 artículos
André Didyme-Dome es psicoterapeuta y periodista. Se desempeña como editor de cine y TV para la revista Rolling Stone en español y es docente universitario; además, es director del cineclub de la librería Casa Tomada y conferencista en Ilustre. Su amor por el cine, la música pop y rock, la televisión y los cómics raya en la locura.

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