Avatar: Special Edition (2009)

Con una remasterización 4K HDR y en formato 3D, se reestrena una de las películas más taquilleras de la historia, en vísperas de su esperada secuela.

Director: James Cameron

Sam Worthington, Zoe Saldana, Sigourney Weaver, Stephen Lang

En un programa especial de la National Geographic presentado hace más de una década, el director James Cameron hablaba de la principal intención que lo motivó a realizar Avatar. El director de Terminator y Titanic quería transmitir un mensaje ecológico (el cuidado y la protección de los recursos naturales), así como un mensaje sociopolítico (la discriminación y la expulsión de los nativos americanos de su territorio).

Cameron sabía muy bien que el público va a cine principalmente a entretenerse. Por lo que sintió que debía crear una cinta de acción y aventuras tremendamente emocionante y divertida para poder así lograr su objetivo. El resultado fue la película que desbancó a Titanic como la más taquillera de la historia.

El guion que Cameron tenía en su mente desde que era un niño es ciencia ficción elemental. El año es 2154 y la Tierra está muriendo. Para sobrevivir, los terrícolas necesitan de un mineral llamado Unobtainium (un nombre utilizado en la vida real por los geeks, para referirse a la “sustancia valiosa” que se utiliza como recurso narrativo en muchos de los relatos de ciencia ficción, así como la “especie” en Dune o el “vibranium” en Black Panther).

Para obtener este mineral, los terrícolas viajan a la lejana luna de Pandora, sin importar que unos seres pacíficos viven allí. Estos son los Na’vi, unos seres de piel azul, gran tamaño y ojos amarillos, que aman la naturaleza, pero que odian a los invasores.

Como lo percibieron los cinéfilos en el 2009, Avatar es la película menos original de Cameron y como lo intuyeron los creadores de South Park, los Na’vi poseen una gran similitud con los Pitufos, esos duendecillos de color azul que viven en felicidad, paz y armonía en un mundo mágico, lisérgico e irreal, muy parecido al de una comuna hippie. Y como los seguidores de los icónicos personajes creados por el belga Peyo lo saben muy bien, los Pitufos continuamente se enfrentan a la amenaza causada por Gargamel, un hombre egoísta, resentido y prejuicioso, que odia a los Pitufos tan solo porque son diferentes a él. 

Asimismo, la historia escrita por Cameron es extremadamente parecida a la de Danza con lobos, la cinta dirigida y protagonizada por Kevin Costner, en la que un hombre blanco perteneciente al ejército, tiene la misión de enfrentarse con los nativos americanos, para luego terminar convertido en amigo, aliado y defensor de sus supuestos enemigos.

En esta amalgama futurista y anticolonialista, mezcla entre Los Pitufos y un Western crepuscular, Jake Sully (Sam Worthington) es un marine estadounidense con discapacidad motora permanente, quien es conectado a una cápsula basada en el código genético de los Na’vi, para poder así estudiar sus costumbres y modos de vida. Al igual que Michael Biehn de Terminator, Worthington tuvo su primera gran oportunidad en una película de Cameron, pero no ha podido mantener estable su carrera (este actor australiano vivía en su auto antes de audicionar para el papel),

Al conectarse, Sully posee el cuerpo de un Na’vi y puede correr y luchar como ellos. Pero al interactuar y al conocer más sobre estos peculiares alienígenas, su misión inicial se desvía, así como sus ideas prejuiciosas. Y como si fuera poco, el marine termina enamorado de Neytiri (Zoe Saldana apoyada por la captura de movimiento), la hija del jefe de la tribu de Pandora quien, como Pocahontas, le enseña al conquistador blanco a respetar el hábitat de los nativos. Como si se tratara de John Carter, Flash Gordon o Buck Rogers (los primeros aventureros espaciales de los pulp y los cómics), Sully dirigirá una rebelión para que los Na’vi se liberen de los brutales invasores terrestres, entre los que se encuentran el malvado coronel Miles Quaritch (Stephen Lang) y el codicioso empresario Parker Selfridge (Giovanni Ribisi).

Al revisar de nuevo esta cinta animada de corte ecológico tipo FernGully o La princesa Mononoke (Cameron calculó que el ochenta por ciento del material que compone a su película de casi tres horas de duración, fue hecho por computador), salen a la luz varias grandes contradicciones. ¿La solución ante el desastre medioambiental, la violencia y la discriminación consiste en crear un mundo virtual para refugiarse en él y dejar que el mundo real se enfrente a la decadencia y a la destrucción inminente?  ¿Se necesita de un hombre blanco para que los nativos sean conscientes de sus derechos? ¿Necesitamos de artificios digitales para apreciar la naturaleza? ¿Una película que defiende el pacifismo debe estar plagada de escenas de destrucción masiva?

Como producto de entretenimiento, Avatar llega a ser una experiencia impresionante, emocionante y divertida que demuestra como Cameron, al igual que Peter Jackson, comprende que la tecnología debe estar siempre al servicio de la historia (algo que Michael Bay y el George Lucas de las precuelas de La guerra de las galaxias nunca llegaron a entender). Sin embargo, Cameron no posee el talento para construir diálogos decentes y desde Titanic, ha perdido la capacidad para darle alma y corazón a sus personajes.

¿Por qué pagar una boleta para ver Avatar en cines?  Al respecto dice Cameron: “Si no has visto Avatar en cine, en realidad no la has visto…Verla en la gran pantalla es una grata sorpresa, no solo por lo bien que se mantiene, sino por lo hermosa que es en su estado remasterizado”. El espectáculo palomitero y hollywoodense bien vale la pena.

Sobre André Didyme-Dôme 1394 artículos
André Didyme-Dome es psicólogo y magíster en Comunicación. Se desempeña como crítico de cine para las revistas Rolling Stone y Playboy Colombia y es docente en la Escuela Nacional de Cine; además, es director del cineclub de la librería Casa Tomada y conferencista en Ilustre. Su amor por el cine, la música pop y rock, la televisión y los cómics raya en la locura.

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