
Un pastel para dos es una película tan tierna como desgarradora sobre el amor en la tercera edad y la represión en Irán.
Dirección: Maryam Moghadam, Behtash Sanaeeha
Lili Farhadpour, Esmaeel Mehrab

Un pastel para dos es una película que, a la vez, resulta sumamente tierna y extremadamente dura. La historia gira en torno a dos personas de alrededor de 70 años que se embarcan en un viaje emocional en el que descubren que nunca es tarde para el amor, a pesar de las duras circunstancias que les rodean. Los protagonistas, Mahin (Lili Farhadpour) y Faramarz (Esmaeel Mehrabi), se ven no solo como personajes atrapados en la soledad, sino también como víctimas de una represión moral que afecta tanto a sus vidas como al trabajo de los realizadores y actores que, al igual que sus personajes, sufren bajo las estrictas restricciones del régimen iraní.

Mahin es una mujer viuda que ha quedado completamente sola en su hogar. Sus hijos han emigrado y ella pasa sus días entre conversaciones superficiales con su hija a través de Internet, y visitas esporádicas de amigas que viven lejos. La rutina diaria de Mahin se reduce a tareas solitarias como regar sus plantas o ir al mercado, mientras que sus interacciones sociales se limitan a conversaciones que giran en torno a sus propios achaques y los de sus amigas mayores. Sin embargo, es en este escenario de solitaria madurez donde surge una chispa de cambio: Mahin conoce a Faramarz, un taxista divorciado que, al igual que ella, atraviesa una vida de soledad y falta de conexiones genuinas.
Al igual que Todos nos llamamos Alí (1974), la obra maestra de Fassbinder, lo que parece una historia sencilla sobre la soledad y la búsqueda de la compañía en la vejez se transforma en una reflexión sobre la represión moral y el deseo de libertad en un contexto sumamente restrictivo. Los momentos más dulces de la película surgen cuando Mahin propone a Faramarz pasar una noche juntos, algo tan simple y a la vez tan significativo, dado el contexto en el que se desenvuelven. La propuesta de Mahin es un acto de resistencia, de desafiar la norma establecida por una sociedad que reprime los deseos y las emociones más básicas, especialmente en la vida de las mujeres.
La película destaca la enorme valentía de los realizadores, Maryam Moghaddam y Behtash Sanaeeha, quienes no solo se enfrentan a la censura del gobierno iraní, sino que también arriesgan sus propias libertades al decidir retratar historias como la de Mahin. Esta es una historia de una mujer que desafía las expectativas de la sociedad, como Mahin, que recuerda un tiempo en el que el uso del hijab no era obligatorio y se enfrenta a las autoridades religiosas que patrullan las calles imponiendo su visión moral.
Lo que podría haber sido una simple narrativa sobre la búsqueda de compañía en la vejez se convierte en un acto de subversión contra un sistema que prohíbe la expresión genuina de las emociones y la libertad femenina. Un pastel para dos es un llamado a la reflexión sobre las luchas cotidianas de las mujeres iraníes, pero también sobre los momentos fugaces de la vida que, a pesar de todo, siguen siendo capaces de brindarnos belleza, amor y conexión.
La película es un recordatorio conmovedor de que, aunque el régimen iraní ha intentado reprimir la expresión artística, la libertad personal y la posibilidad de beber vino libremente, el espíritu humano sigue encontrando formas de resistir y florecer, incluso en las circunstancias más difíciles. El amor, la soledad y la libertad se combinan en un pastel metafórico, que, a pesar de que nunca llega a ser consumido, es profundamente significativo.
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