Free Guy (Tomando el control) (2021)

Además de ser tremendamente divertida, esta mezcla entre El Show de Truman y Ralph el demoledor, se atreve a poner el dedo en la llaga para denunciar el cinismo al interior de la industria del entretenimiento.  

Director: Shawn Levy

Ryan Reynolds, Jodie Comer, Joe Keery, Taika Waititi

Desde la adaptación cinematográfica de Super Mario Bros., las películas basadas en videojuegos han demostrado ser un desastre seguido de otro desastre (la reciente versión de Mortal Kombat es una prueba fehaciente de ello).

Sin embargo, cuando el cine se olvida de los videojuegos particulares y se enfoca en una reflexión sobre lo que implica jugar o en la experiencia misma de los videojuegos, la cosa mejora bastante. Tron, El último guerrero, Ralph el demoledor, Al filo del mañana, Ready Player One e inclusive Pixels, son cintas muchísimo más interesantes que Assassins Creed, Warcraft o cualquiera de las entregas de Resident Evil.  

 A este segundo grupo pertenece Free Guy: Tomando el control, la nueva película protagonizada por Ryan Reynolds (Deadpool) y dirigida por Shawn Levy (Gigantes de acero), la cual amalgama las premisas de El Show de Truman (ese clásico del cine existencial dirigido por Peter Weir y protagonizado por Jim Carrey en el que un hombre desconoce que vive en un programa de televisión) y la ya mencionada Ralph el demoledor (sobre un personaje de videojuego que aspira a ser algo más).

Guy es un PNJ (un “personaje no jugador” que sirve de relleno o que permite el avance del juego) que vive en una ciudad virtual llamada Free City (muy similar al universo de Grand Theft Auto, un violento y exitoso videojuego que, dicho sea de paso, todavía no tiene una versión cinematográfica). Al igual que Truman, Ralph o Emmet Brickowski (el adorable protagonista de La película de Lego), Guy es un personaje inconforme en una sociedad conformista, en la que el miedo, la pereza y la costumbre mantienen un estatus quo que va en detrimento de la individualidad y el mejoramiento de la estructura social.

Guy ve como los jugadores (llamados “héroes con gafas” por los PNJ) entran a su ciudad y roban bancos, disparan por doquier, atropellan a los peatones desprevenidos y asaltan a personas inocentes. Su mejor amigo Buddy (Lil Rel Howery), un guardia de seguridad y también un PNJ, le dice que así es la realidad y que hay que aceptarla. Sin embargo, Guy se anima a marcar la diferencia impulsado por una atracción irresistible que siente por Molotov Girl (Jodie Comer de la serie Killing Eve), una “heroína con gafas” que se cruza en su camino (lo cual significa que detrás de su avatar hay una jugadora).

Molotov Girl es en realidad Millie, una joven programadora que ingresa al videojuego donde vive Guy, para tratar de recuperar el código de un proyecto en el que trabajó con su amigo Keys (Joe Keery de Stranger Things), y que fue robado por el magnate de la industria Antoine (un villano deliciosamente interpretado por Taika Waititi), para convertirlo en un juego lleno de violencia y entretenimiento fácil.

Es muy probable que los espectadores mayores de treinta años no comprendan por qué la audiencia nacida en este siglo ría y grite cuando vea a algunos de los personajes fugaces que plagan esta cinta. Eso es porque en la vida real son unos populares gamers y youtubers conocidos como Ninja, Pokimane o DanTDM.

Como si se tratara también de una especie de Neo (el protagonista de Matrix), Guy va a descubrir de una manera gradual que él es el “elegido” para cambiar su realidad. Y de la misma manera que David (el androide de la cinta de Steven Spielberg Inteligencia artificial), Guy va a darse cuenta de que posee consciencia, sentimientos, raciocinio y autonomía.

Levy y los guionistas Matt Lieberman y Zak Penn, no se adentran en las reflexiones filosóficas asociadas a la teoría de los simulacros, los mundos virtuales, la hiperrealidad o la pregunta sobre el verdadero significado de la existencia (esta no es una cinta de Kubrick o Tarkovski), y mantienen su película en el estatus de “diversión familiar” (la violencia inherente al videojuego donde Guy habita se reduce muchísimo para evitar la censura). Pero eso no quiere decir que la película no sea entretenida (lo es y mucho), que no se aproveche del carisma de Reynolds para que el espectador se identifique con Guy y su emancipación, y para que en boca de Antoine se generen algunas denuncias sobre cómo la industria del entretenimiento prefiere la seguridad de las franquicias, remakes y secuelas al riesgo artístico, con el fin de obtener un dinero fácil que es entregado por un público conformista y al que le duele pensar.

Se hace evidente una especie de hipocresía (o paradoja) en el mensaje transmitido por Free Guy, pero hay que reconocer que, por lo menos, esta es una película sobre videojuegos que tiene mensaje.

Sobre André Didyme-Dôme 1427 artículos
André Didyme-Dome es psicólogo y magíster en Comunicación. Se desempeña como crítico de cine para las revistas Rolling Stone y Playboy Colombia y es docente en la Escuela Nacional de Cine; además, es director del cineclub de la librería Casa Tomada y conferencista en Ilustre. Su amor por el cine, la música pop y rock, la televisión y los cómics raya en la locura.

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