Barbie (2023)

La película sobre la muñeca icónica de Mattel intenta darnos un importante mensaje feminista y lo logra, pero termina siendo víctima de un discurso hipócrita.

Directora: Greta Gerwig

Margot Robbie, Ryan Gosling, América Ferrera, Will Ferrell

La muñeca Barbie, con su figura esbelta, su cabello largo, rubio y brillante, su sonrisa característica y su ausencia de genitales, es uno de los juguetes más populares de todos los tiempos. Fue creada por Ruth Handler, la cofundadora de la compañía Mattel a partir de una muñeca alemana llamada Bild Lilli y fue presentada al mundo por primera vez en marzo de 1959 en la Feria del Juguete de Nueva York. Casi que inmediatamente se convirtió en un éxito rotundo en ventas y con el paso de los años, se ha convertido en todo un fenómeno cultural que ha sido adorado por muchos, pero también odiado por otros. 

Los fanáticos de Barbie saben muy bien que, aunque esta es la primera vez que la muñeca se adapta al cine en una versión de acción real, ya existe toda una saga de películas animadas por computador “directo a vídeo”, que hasta la fecha llegan a dieciséis títulos y que, en su mayoría, son adaptaciones de relatos clásicos como Rapunzel, Cascanueces o Los tres mosqueteros (todas horripilantes, por cierto).

Este proyecto, que se inició hace catorce años, y por el que han desfilado personas como la guionista Diablo Cody, la directora Patty Jenkins y la comediante Amy Schumer, por fin se concretó gracias a Greta Gerwig, la talentosa directora de Lady Bird y la más reciente versión de Mujercitas, quien escribió el guion junto a su pareja sentimental Noah Baumbach, el genio detrás de Frances Ha (protagonizada por Gerwig) y la obra maestra Historia de un matrimonio. Con esta dupla de alta estirpe encargada de la película de Barbie, los cinéfilos no podían esperar algo menos que una sátira punzante e inteligente. 

Los antecedentes de una película basada en una línea de juguetes y convertida en sátira social, los encontramos en la magnífica Una película de Lego, donde se usó a las populares figuras para armar como un recurso para comentar sobre el individualismo, los abusos del capitalismo y el poder de la creatividad humana, entre otros grandes temas que competen a los filósofos, sociólogos, psicólogos y antropólogos. 

La cinta animada de Phil Lord y Christopher Miller logró un pequeño milagro, ya que fue tremendamente graciosa y entretenida y nos mostró qué es lo que hace que las figuras de Lego sean algo tan popular. Pero, al mismo tiempo, fue una cinta rebelde, disruptiva y en extremo profunda. También hay que recordar que Lord y Miller lograron deconstruir la cursilería inverosímil de la serie de televisión Comando especial, para convertirla en una dupla de películas muy divertidas e inteligentes, que jugaron con los conceptos de meta-cine y meta-televisión, para hacernos reconocer lo tontos que éramos en los años noventa al ser una audiencia cautiva de la serie, pero eso sí, jamás llegaron a irrespetar a la misma. En otras palabras, Lord y Miller son unos expertos a la hora de deconstruir y de hacer uso de un material en apariencia ligero e inocuo, para hacer unos agudos comentarios sobre la condición humana.    

La Barbie de Gerwig y Baumbach intenta imitar lo logrado por Lord y Miller en Una película de Lego, pero el resultado no es del todo satisfactorio. La cinta busca llegar a todos los públicos, sin embargo, termina siendo un trabajo que apela a quienes de niños jugamos o conocimos a la muñeca Barbie, pero que ahora somos madres, padres o simplemente, personas adultas que recordamos con nostalgia los juguetes que nos hicieron, parafraseando a la maravillosa serie documental de Netflix (que, a propósito, tiene un capítulo sobre Barbie). 

Margot Robbie, una de las actrices más talentosas y bellas de nuestros tiempos, es perfecta encarnando a la muñeca que, como dice la canción de Aqua, vive en un fantástico mundo plástico color de rosa, donde todo es baile, diversión y alegría. De acuerdo con la narración brindada por Helen Mirren en una secuencia que parodia a 2001: Odisea del espacio, en un principio las niñas jugaban con muñecas bebés asumiendo el papel de madres y se aburrían rápidamente, hasta que llegó esta muñeca y como el monolito del clásico de Kubrick, permitió a las niñas soñar con ser mucho más que madres y amas de casa, para así llegar a emanciparse, empoderarse y dominar el mundo. Mirren nos aclara que semejante suposición hace parte de las creencias del “Mundo Barbie”, pero que dista mucho de lo que sucede en el “mundo real”. 

En el “Mundo Barbie”, la Barbie estereotípica (Robbie), vive junto a otras Barbies que trabajan como doctoras (Hari Nef), diplomáticas (Nicola Coughlan), escritoras (Alexandra Shipp), periodistas (Ritu Arya), científicas (Emma Mackay), abogadas (Sharon Rooney), juezas de la Suprema Corte (Ana Cruz Kayne) e inclusive presidentes (Issa Rae). Bueno, también hay una Barbie sirena (Dua Lipa) y una Barbie embarazada (Emerald Fennell), pero lo cierto es que en el “Mundo Barbie”, no sale agua de las duchas, no hay necesidad de comer y ninguna de las Barbies “profesionales” tiene que hacer el más mínimo esfuerzo para obtener el premio Nobel o Pulitzer. Tan solo deben lucir bellas y sonreír. 

La Barbie estereotípica comienza a comportarse de una manera irregular. Ya no se siente tan feliz, comienza a pensar en la muerte, y padece de pies planos y celulitis. Por tal razón, busca la ayuda de la Barbie Rara (Kate McKinnon), esa muñeca Barbie a la que se le ha cortado el pelo, se le han desprendido las piernas y se le ha rayado la cara (todos aquellos que han interactuado con muñecas, saben a qué me refiero). La Barbie rara le explica a la Barbie estereotípica que se ha generado una extraña conexión con la persona del mundo real que juega con ella y, por lo tanto, debe viajar al mundo real para corregir todo y volver a la normalidad.    

Es así como Barbie estereotípica se monta en su auto rosado cantando al son del clásico feminista Closer to Fine de las Indigo Girls, pero descubre a un polizón. Es nada menos que Ken (Ryan Gosling), el eterno enamorado de Barbie que quiere acompañarla en su gran aventura. Aquellos que esperan una cinta en la que la inocente Barbie, como si se tratara de un Pinocho moderno, ingrese a un mundo real perverso y oscuro para descubrir las drogas (“Christina F. Barbie”), el sexo (“Sasha Grey Barbie”) o el dinero (“Kim Kardashian Barbie”), deberán recordar que esta es una cinta dirigida a todas las edades y que es auspiciada por Mattel. Es por eso que el “mundo real” que visita Barbie en esta película, es tan real como el vecindario donde vive Paddington. 

En el “mundo real”, la Barbie estereotípica se encontrará con Sasha (Ariana Greenblatt), una preadolescente que de niña jugaba con Barbies, pero que ahora las considera como un símbolo decadente. Su madre Gloria (América Ferrera, la protagonista de la versión estadounidense de Betty La Fea), cuando era niña también jugó con Barbies y se las heredó a su hija, pero ahora trabaja en Mattel y sufre de ver como Sasha se ha alejado de ella. Por cierto, la junta directiva de Mattel está conformada tan solo por hombres y es liderada por un machista Will Ferrell (quien también participó en Una película de Lego), y que busca meter a la muñeca rebelde de nuevo en su caja. Mientras tanto, Ken descubrirá las bondades del patriarcado y decide regresar a “Mundo Barbie” para convencer a los otros Ken (interpretados por Simu Liu, Kingsley Ben-Adir y Ncuti Gatwa, entre otros) de llevarlo a la práctica en esa especie de Isla Paraíso o Mundo feliz dominado por mujeres que es el “Mundo Barbie”.    

Si bien es cierto que la película de Gerwig intenta hablarnos sobre feminismo, empoderamiento y emancipación, termina siendo víctima de su propio invento, cuando los espectadores logramos abandonar ese mundo de fantasía para descubrir la triste realidad, la cual consiste en que estamos viendo un infomercial de casi dos horas de duración que, en últimas, busca que sigamos consumiendo todo lo relacionado con Barbie (“sé tú misma, pero sigue comprando”). Más que una denuncia social, esta cinta es una bonita y bien intencionada “reactivación de marca”. 

Las redes sociales nos han estado bombardeando con grandes expectativas hacia dos películas que se estrenan en la misma semana. Oppenheimer de Christopher Nolan, se anuncia como “la mejor película de todos los tiempos” y lo cierto es que, pese a que es un buen trabajo, ni siquiera llega a ser la mejor obra del afamado director. Y la Barbie de Gerwig y Baumbach, es una cinta inteligente, pero hipócrita.

En apariencia, Oppenheimer y Barbie aparentan ser películas diametralmente opuestas: una es un solemne biopic que nos habla sobre la creación de la bomba atómica, y la segunda, es la nueva versión de una muñeca icónica a la que le falta la actitud y veneno que se logró con la Barbie de Toy Story. Pero lo cierto es que, más allá de “La teoría Barbenheimer” que conecta a las dos cintas (Jack Ryan, el diseñador de la muñeca, también diseñó misiles para el Pentágono), la verdadera conexión es que ambas películas constituyen una experiencia abrumadora, ruidosa y por qué no decirlo, depresiva. 

Sobre André Didyme-Dôme 1665 artículos
André Didyme-Dome es psicoterapeuta y periodista. Se desempeña como editor de cine y TV para la revista Rolling Stone en español y es docente universitario; además, es director del cineclub de la librería Casa Tomada y conferencista en Ilustre. Su amor por el cine, la música pop y rock, la televisión y los cómics raya en la locura.

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